Guía de Trastornos de la Conducta.

Para niños y adolescentes.

Los trastornos de la conducta representan un término amplio que incluye trastornos más específicos, tales como el trastorno de hiperactividad o el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) u otros trastornos conductuales. Los síntomas conductuales presentan diferentes niveles de gravedad y son muy comunes en la población. Solamente los niños y adolescentes que tienen un grado de moderado a grave de dificultades psicológicas, sociales, educativas u ocupacionales en múltiples entornos deben recibir el diagnóstico de trastornos de la conducta. En algunos niños con trastornos de la conducta, el problema persiste hasta la edad adulta.

 

Trastorno de hiperactividad / trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).

 

Las características principales son problemas de atención y actividad excesiva. Las deficiencias de la atención se manifiestan como una tendencia a suspender las tareas antes de terminarlas y una dificultad para concluir cualquier actividad. El niño o adolescente cambia con frecuencia de una actividad a otra. Este déficit en persistencia y atención se debe diagnosticar como un trastorno solamente si es excesivo para la edad e inteligencia del niño o adolescente y si afecta su funcionamiento y aprendizaje normal. La actividad excesiva implica inquietud exagerada, especialmente en situaciones que requieren relativa tranquilidad. Puede incluir conductas tales como correr y saltar de un lado a otro, levantarse de la silla en situaciones en que se espera que permanezca sentado, hablar excesivamente y hacer demasiado ruido, o inquietud e intranquilidad excesiva. Los problemas conductuales característicos deben haberse iniciado a temprana edad (antes de los 6 años) y ser de larga duración (> 6 meses) y no estar limitados a un solo entorno.

 

Otros trastornos de la conducta.

 

Pueden presentarse rabietas graves e inusualmente frecuentes así como desobediencia grave y persistente. Los trastornos de conducta pueden caracterizarse por un patrón repetitivo y persistente de comportamientos disociales, agresivos o desafiantes. Cuando este tipo de conducta está en su grado más extremo, ella debe ser mucho más grave que una simple travesura infantil o una rebeldía de adolescente. Algunos ejemplos de conductas pueden incluir: grados excesivos de peleas o acoso escolar; crueldad hacia otras personas o animales; provocar incendios; destrucción grave de la propiedad; robar, mentir reiteradamente y fugarse de la escuela o de la casa.

Los criterios concernientes a la presencia de otros trastornos de la conducta deben tener en cuenta el nivel de desarrollo del niño o adolescente y la duración de las conductas inadecuadas (por lo menos 6 meses).

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